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Larguero de madera larga y gruesa que se emplea para sostener los techos de edificios y, por extensión, pieza metálica de doble T destinada a los mismos usos que la viga de madera.
La palabra, de origen incierto, que aparece con el mismo significado en portugués, figura en numerosos textos castellanos por lo menos desde el Cid: tras una viga lagar metios en grand pavor. El vocablo aparece asimismo en numerosas ocasiones en las obras de Berceo (1230-1250).
Palencia (1495) define la epistilia como vigas sobrepuestas encima de los chapiteles de las columnas. Para Covarrubias (1611), es una pieza de madero gruessa, destas ponemos en los edificios, y sobre ellas se suelen cargar los cuartones para formar el techo.
Corominas (1980) observa que en catalán y en occitano se escribe biga, por lo que propone que pueda provenir del latín bīga, que era el tronco de las caballerías que tiran de un carro. Esta grafía con b bilabial la encontramos en los Fueros de Aragón (1247):
Si el uillano qui a casas el muro. fincare las bigas de so casa en el muro. deue adobar aquel muro con sos menas. quantas uezes ouiere mester ad adobar.viga
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