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El despido abrupto y sin causa conocida por la comunidad de la CEO de Esperanza Inc., Bárbara Esperón no es un buen mensaje para los 52 jóvenes hispanos/latinos que recibieron becas de estudio el viernes 26 de junio de 2009. Gran parte de la audiencia en el almuerzo quedó perpleja y sorprendida cuando la presidenta de la junta directiva Felicia Soto anunció nerviosamente que la señora Esperón no regresaría a su posición de CEO a partir de julio de 2009.

Yo ya iba al almuerzo con cierta sospecha. El jueves 25 de junio recibimos en www.Mercohispano.com el link del artículo que publicaba La Prensa en su edición del 27 de junio de 2009 y que nos fuera enviado, como a muchos otros, por Luis Gómez, http://www.laprensa1.com/Stories/2009/062609/Esperanza.htm.

Inmediatamente después de leer el artículo, y en mi calidad de periodista, llamé a Esperanza para felicitar a Bárbara Esperón por el gran trabajo que estaba haciendo y tratar de hacer un seguimiento para otro posible artículo en nuestra página web.
La conversación con la recepcionista fue más o menos de la siguiente manera:
Mercohispano: ¿Buenas tardes, podría usted comunicarme con Bárbara Esperón?
Recepcionista: Ella no se encuentra aquí en este momento.
Mercohispano: ¿Regresará más tarde?
Recepcionista: No, está de vacaciones.
Mercohispano: ¿Regresa la próxima semana?
Recepcionista: Quizás.

Me pareció muy raro que Bárbara Esperón tomara sus vacaciones justamente en la fecha del día más importante para la institución – el día de la entrega de becas a los estudiantes. Y raro sonó también el “quizás” de la recepcionista.

Me vinieron repentinamente a la memoria aquellos malos recuerdos de despidos inesperados y contradictorios a través de los años de otros CEO latinos/latinas de instituciones hispanas de Cleveland.

Me acordé de aquel momento en que María Galindo recibió la noticia sobre la decisión de la junta directiva en un evento del Centro Cultural Hispano que ella ya no era la CEO de la institución, después de haber tomado unos días libres para dar a luz a su hija. Ese “board” no tuvo la cortesía ni la valentía de darle una llamada telefónica antes de anunciar su despido en el evento. Cabe decir que la señora Galindo estaba haciendo un excelente trabajo en el Centro Cultural Hispano.

También me acordé del caso de otra CEO latina a quien aparentemente sin más explicaciones que la decisión de la junta directiva en despedirla, la escoltaron fuera del edificio de la institución. En opinión de muchos, Emily Delgado estaba haciendo un gran trabajo como CEO del Comité Hispano Americano. La comunidad en general nunca se enteró del motivo del despido de la Señora Delgado. Todo quedó entre el teje y maneje de los abogados y las amenazas de demandas si cualquiera de las partes contara su verdad.

El caso de Francisco Alfonzo como CEO de El Barrio no sale del molde. El presidente de la junta directiva de El Barrio en aquel entonces, Mark Sánchez,  sin el consentimiento de todos los miembros de la junta directiva, decide con su comité ejecutivo despedir a Francisco y lo cita a una reunión de emergencia un viernes a las 3:00 PM. Utilizando quizás la estrategia de los políticos que cuentan de sus engaños los viernes de tardecita para ver si la gente ya no los recuerda el lunes por la mañana. Francisco es alertado de la movida, cancela su reunión del viernes con Mark Sánchez y el siguiente lunes es despedido, aparentemente sin causas valederas. A igual que Bárbara Esperón, el despido del señor Francisco Alfonzo viene inmediatamente después de que un órgano de la prensa haya escrito un artículo positivo sobre el CEO elogiando sus cualidades de liderazgo. La comunidad no se entera de las razones del despido. A muchos le parece que Francisco Alfonzo estaba haciendo un buen trabajo como CEO de El Barrio. Una vez más, todo queda entre el teje y maneje de los abogados y se envían cartas con amenazas de demandas si cualquiera de las partes contara su verdad.

Todas estas personas que menciono aquí y que han servido de CEO en agencias de la comunidad hispana de Cleveland son personas honorables, vienen de familias conocidas y arraigadas en Cleveland. Personas que merecen ser respetadas, personas de nuestro conocimiento que merecen ser escuchadas, personas a quienes los respectivos “boards” les ha negado la oportunidad de aclarar sus posiciones y defenderse de las acusaciones y alegatos que hubieran en su contra. No se les ha permitido limpiar su buen nombre ante a la comunidad a la cual ellos pertenecen. Algunos fueron escoltados fuera del edificio de la institución como vulgares delincuentes. Aun así, todo queda en el anonimato de los entretelones legales. Nadie habla, nadie defiende a nadie. Todos se sienten atemorizados.

Desgraciadamente, dentro de las juntas directivas de algunas agencias hispanas de Cleveland se ha creado un patrón de conducta que está lejos de reflejar los valores más preciados de nuestra cultura hispana. No se puede seguir tratando a nuestra propia gente, o a nadie, de esta manera. Nuestras agencias hispanas no deben funcionar como si estuvieran dentro del mundo corporativo anglosajón – donde la dignidad humana se encuentra en los últimos peldaños de los valores. Se ha perdido el sentido del diálogo para llegar a la solución de los problemas.

Las instituciones no pueden sobrevivir sin el apoyo comunitario. Si no estuviéramos aquí, si no hubiera hispanos en Cleveland, las instituciones de las cuales hablamos no podrían conseguir los recursos necesarios para llevar a cabo sus cometidos. Las comunidades en general y la hispana/latina en particular tienen una inversión tangible en estas instituciones. Las buenas y las malas acciones tanto de los CEO como de las juntas directivas impactan directamente sobre la calidad de vida de los miembros de las comunidades que las instituciones tratan de ayudar. La gente apoya a estas agencias y aporta dinero, dona su tiempo, compra boletos para eventos, dona artículos para subastas, invierte su tiempo en crear conexiones que beneficien a estas instituciones, hacen de voluntarios, de mentores, consiguen donaciones, etc., etc.  Es una inversión real y cuantitativa.
La sola presencia física de los hispanos/latinos en esta comunidad obliga a las agencias hispanas que se benefician de esa presencia a rendir cuentas a la comunidad.

Creo que sería muy desagradable para los 52 jóvenes hispanos que recibieron sus becas de estudio de Esperanza el viernes pasado enterarse más adelante que el despido de Bárbara Esperón por parte de la junta directiva de la institución siguió el mismo patrón de los CEO despedidos que se mencionan más arriba.  ¿Qué tipo de mensaje estamos enviando a nuestra juventud? 

En honor a la verdad y en virtud de la transparencia en las decisiones, la junta directiva de Esperanza le debe a la comunidad una explicación seria y concisa del motivo o motivos del despido de Bárbara Esperón. 


 























































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Yo ya iba al almuerzo con cierta sospecha. El jueves 25 de junio recibimos en www.Mercohispano.com el link del artículo que publicaba La Prensa en su edición del 27 de junio de 2009 y que nos fuera enviado, como a muchos otros, por Luis Gómez, http://www.laprensa1.com/Stories/2009/062609/Esperanza.htm.

Inmediatamente después de leer el artículo, y en mi calidad de periodista, llamé a Esperanza para felicitar a Bárbara Esperón por el gran trabajo que estaba haciendo y tratar de hacer un seguimiento para otro posible artículo en nuestra página web.
La conversación con la recepcionista fue más o menos de la siguiente manera:
Mercohispano: ¿Buenas tardes, podría usted comunicarme con Bárbara Esperón?
Recepcionista: Ella no se encuentra aquí en este momento.
Mercohispano: ¿Regresará más tarde?
Recepcionista: No, está de vacaciones.
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Me pareció muy raro que Bárbara Esperón tomara sus vacaciones justamente en la fecha del día más importante para la institución – el día de la entrega de becas a los estudiantes. Y raro sonó también el “quizás” de la recepcionista.

Me vinieron repentinamente a la memoria aquellos malos recuerdos de despidos inesperados y contradictorios a través de los años de otros CEO latinos/latinas de instituciones hispanas de Cleveland.

Me acordé de aquel momento en que María Galindo recibió la noticia sobre la decisión de la junta directiva en un evento del Centro Cultural Hispano que ella ya no era la CEO de la institución, después de haber tomado unos días libres para dar a luz a su hija. Ese “board” no tuvo la cortesía ni la valentía de darle una llamada telefónica antes de anunciar su despido en el evento. Cabe decir que la señora Galindo estaba haciendo un excelente trabajo en el Centro Cultural Hispano.

También me acordé del caso de otra CEO latina a quien aparentemente sin más explicaciones que la decisión de la junta directiva en despedirla, la escoltaron fuera del edificio de la institución. En opinión de muchos, Emily Delgado estaba haciendo un gran trabajo como CEO del Comité Hispano Americano. La comunidad en general nunca se enteró del motivo del despido de la Señora Delgado. Todo quedó entre el teje y maneje de los abogados y las amenazas de demandas si cualquiera de las partes contara su verdad.

El caso de Francisco Alfonzo como CEO de El Barrio no sale del molde. El presidente de la junta directiva de El Barrio en aquel entonces, Mark Sánchez,  sin el consentimiento de todos los miembros de la junta directiva, decide con su comité ejecutivo despedir a Francisco y lo cita a una reunión de emergencia un viernes a las 3:00 PM. Utilizando quizás la estrategia de los políticos que cuentan de sus engaños los viernes de tardecita para ver si la gente ya no los recuerda el lunes por la mañana. Francisco es alertado de la movida, cancela su reunión del viernes con Mark Sánchez y el siguiente lunes es despedido, aparentemente sin causas valederas. A igual que Bárbara Esperón, el despido del señor Francisco Alfonzo viene inmediatamente después de que un órgano de la prensa haya escrito un artículo positivo sobre el CEO elogiando sus cualidades de liderazgo. La comunidad no se entera de las razones del despido. A muchos le parece que Francisco Alfonzo estaba haciendo un buen trabajo como CEO de El Barrio. Una vez más, todo queda entre el teje y maneje de los abogados y se envían cartas con amenazas de demandas si cualquiera de las partes contara su verdad.

Todas estas personas que menciono aquí y que han servido de CEO en agencias de la comunidad hispana de Cleveland son personas honorables, vienen de familias conocidas y arraigadas en Cleveland. Personas que merecen ser respetadas, personas de nuestro conocimiento que merecen ser escuchadas, personas a quienes los respectivos “boards” les ha negado la oportunidad de aclarar sus posiciones y defenderse de las acusaciones y alegatos que hubieran en su contra. No se les ha permitido limpiar su buen nombre ante a la comunidad a la cual ellos pertenecen. Algunos fueron escoltados fuera del edificio de la institución como vulgares delincuentes. Aun así, todo queda en el anonimato de los entretelones legales. Nadie habla, nadie defiende a nadie. Todos se sienten atemorizados.

Desgraciadamente, dentro de las juntas directivas de algunas agencias hispanas de Cleveland se ha creado un patrón de conducta que está lejos de reflejar los valores más preciados de nuestra cultura hispana. No se puede seguir tratando a nuestra propia gente, o a nadie, de esta manera. Nuestras agencias hispanas no deben funcionar como si estuvieran dentro del mundo corporativo anglosajón – donde la dignidad humana se encuentra en los últimos peldaños de los valores. Se ha perdido el sentido del diálogo para llegar a la solución de los problemas.

Las instituciones no pueden sobrevivir sin el apoyo comunitario. Si no estuviéramos aquí, si no hubiera hispanos en Cleveland, las instituciones de las cuales hablamos no podrían conseguir los recursos necesarios para llevar a cabo sus cometidos. Las comunidades en general y la hispana/latina en particular tienen una inversión tangible en estas instituciones. Las buenas y las malas acciones tanto de los CEO como de las juntas directivas impactan directamente sobre la calidad de vida de los miembros de las comunidades que las instituciones tratan de ayudar. La gente apoya a estas agencias y aporta dinero, dona su tiempo, compra boletos para eventos, dona artículos para subastas, invierte su tiempo en crear conexiones que beneficien a estas instituciones, hacen de voluntarios, de mentores, consiguen donaciones, etc., etc.  Es una inversión real y cuantitativa.
La sola presencia física de los hispanos/latinos en esta comunidad obliga a las agencias hispanas que se benefician de esa presencia a rendir cuentas a la comunidad.

Creo que sería muy desagradable para los 52 jóvenes hispanos que recibieron sus becas de estudio de Esperanza el viernes pasado enterarse más adelante que el despido de Bárbara Esperón por parte de la junta directiva de la institución siguió el mismo patrón de los CEO despedidos que se mencionan más arriba.  ¿Qué tipo de mensaje estamos enviando a nuestra juventud? 

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